El Tercer Foro Nacional de Vivienda se consolidó como un espacio de encuentro y reflexión imprescindible para quienes impulsan el futuro habitacional de México. Reunió a líderes del sector, instituciones y especialistas con el propósito de analizar los retos actuales y proyectar soluciones sostenibles que respondan a las necesidades de las ciudades y sus habitantes.
Organizado por Obra Blanca, en colaboración con la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana (FCARM), la CANADEVI Valle de México y la Fundación Mejor Ciudad, este foro reafirma la importancia de generar diálogos abiertos y constructivos que fortalezcan la política pública, la innovación en diseño y la colaboración entre actores clave de la vivienda. Más que un evento, se ha convertido en una plataforma de intercambio que busca transformar la manera en que concebimos y construimos los espacios habitables.
Desde su primera edición, el Foro Nacional de Vivienda se ha planteado como un espacio de diálogo plural que reúne a arquitectos, desarrolladores, instituciones y especialistas para reflexionar sobre los desafíos habitacionales del país. En el primer foro, se sentaron las bases para abrir la conversación sobre la necesidad de políticas públicas más integrales y una visión compartida del futuro urbano. El segundo foro profundizó en la importancia de la sostenibilidad y la colaboración interinstitucional, consolidando alianzas estratégicas y generando propuestas que hoy siguen vigentes.
Con el tercer foro, esta trayectoria se fortalece y se amplía, reafirmando el compromiso de Obra Blanca y sus aliados por impulsar soluciones innovadoras y colaborativas que respondan a las demandas actuales de vivienda en México.

Síntesis del Tercer Foro Nacional de Vivienda
El Tercer Foro Nacional de Vivienda marcó un avance decisivo en la consolidación de este espacio como referente para el análisis crítico y técnico de la vivienda en México. Más allá de dar continuidad al evento, esta edición definió una estructura programática clara, una curaduría temática coherente y un formato accesible, que permitió combinar profundidad en los contenidos con apertura hacia un público diverso.
Un formato innovador y cercano
La decisión de realizar las actividades en el Ágora, dentro del área de exposición de Obra Blanca, fue uno de los grandes aciertos. Esta ubicación integró el programa al recorrido natural de los visitantes, generando una permeabilidad entre públicos y favoreciendo una participación espontánea e informada. La calidad y diversidad de los ponentes permitió abordar temas complejos con rigor, sin perder claridad ni capacidad de interpelación.
El formato combinó conferencias magistrales, diálogos entre especialistas y plenarias abiertas, enriquecidas por las preguntas del público. Además, el Espacio Obra Blanca amplió las discusiones más allá del programa formal, con transmisiones en vivo que acercaron los contenidos a una audiencia más amplia.
Una visión integral de la vivienda
El foro abordó la vivienda como un fenómeno multidimensional, articulado con suelo, economía, movilidad, producción, género y ecología. Esta mirada plural permitió construir diagnósticos más complejos y complementarios.
Primera jornada:
- Se analizó el suelo como variable estructural, mostrando cómo la especulación, la normatividad y la desigualdad afectan la asequibilidad.
- Se presentaron modelos alternativos de producción habitacional, como cooperativas, propiedad colectiva, cesión de uso y proyectos con enfoque social y ambiental.
- La movilidad se discutió como eje transversal, evidenciando los impactos de la ciudad dispersa y la dependencia del automóvil, y destacando la planificación integrada y la movilidad activa como soluciones.
Segunda jornada:
- Se abordó la recuperación de vivienda abandonada, reconociéndola como problema público y explorando políticas de reincorporación mediante renta social, gestión pública o modelos colectivos.
- El eje de vivienda en femenino visibilizó cómo las políticas habitacionales impactan de manera diferenciada a las mujeres, subrayando la necesidad de incorporar la perspectiva de género como elemento estructural.
- La conferencia final situó la vivienda en relación con agua, ecología y territorio, problematizando la construcción del hábitat urbano en contextos de crisis climática.
Contribuciones y proyección
El foro ofreció una síntesis rigurosa de debates y reflexiones, aportando insumos valiosos para el diseño de políticas públicas, proyectos urbanos y modelos habitacionales más justos, sostenibles y situados.
Pablo Benlluire – Ponencia “Suelo y Vivienda”
En la charla inaugural titulada “Suelo y Vivienda”, Pablo Benlluire ofreció una lectura integral del fenómeno habitacional a partir del papel que juega el suelo en la formación de precios, la producción de vivienda y la generación de desigualdades urbanas. Subrayó que la vivienda es la primera gran transformación que el ser humano realiza sobre el territorio, estableciendo vínculos esenciales con agua, localización y condiciones básicas para habitar.
A través de un recorrido por teorías clásicas y contemporáneas, así como datos empíricos de la Ciudad de México, Benlluire evidenció el incremento acelerado de los precios del suelo y la vivienda, y la creciente pérdida de asequibilidad. Su intervención planteó preguntas clave sobre cómo intervenir en un mercado imperfecto, condicionado por la especulación y las dinámicas normativas, y destacó la necesidad de comprender estos procesos para diseñar políticas públicas efectivas.
José Antonio Valdivia – Ponencia “Hacer posible la vivienda asequible: desafíos, alternativas y propuestas”
En su charla, José Antonio Valdivia presentó una mirada amplia y comparada sobre los distintos caminos que se han explorado para garantizar el acceso a una vivienda asequible. Partiendo del diagnóstico del crecimiento urbano disperso y del rezago habitacional en México, subrayó la necesidad de repensar los modelos tradicionales y de reconocer el papel del Estado como garante del derecho a la vivienda.
Valdivia compartió experiencias nacionales e internacionales que muestran alternativas como la copropiedad, la cesión de uso, la autoconstrucción asistida, la vivienda flexible, el homeshare y el cohousing, todas ellas orientadas a responder a realidades sociales diversas. Destacó casos como el cooperativismo en Dinamarca y Uruguay, proyectos inclusivos en Chile y Nicaragua, así como modelos sustentables en África y América Latina, evidenciando que la diversidad de enfoques es clave para ampliar las posibilidades de acceso.
Su intervención propuso cuatro características esenciales para los nuevos modelos: resistir la especulación, ser inclusivos, incorporar criterios de sustentabilidad y cuestionar la forma tradicional de entender la vivienda y la propiedad. Más que ofrecer recetas cerradas, Valdivia planteó que hacer posible la vivienda asequible requiere compromiso intersectorial, innovación en políticas públicas y una visión estratégica local, colocando siempre en el centro a las personas y comunidades.
Más que ofrecer respuestas definitivas, su participación dejó abiertas interrogantes sobre el papel del suelo público y los instrumentos necesarios para garantizar vivienda asequible, invitando a seguir reflexionando sobre uno de los ejes centrales del debate habitacional en México.

Diálogo “Movilidad como parte fundamental de la vivienda”
Con la participación de Mario Delgado e Iván Amador, y la moderación de Ana López, este diálogo abordó la movilidad como un componente esencial del acceso, la localización y la calidad de la vivienda. La conversación se planteó como un espacio de intercambio que permitió articular distintas miradas sobre cómo los sistemas de transporte, la forma urbana y los modelos habitacionales influyen directamente en la vida cotidiana de las personas.
La moderadora orientó el debate hacia tres ejes principales:
- Los cambios necesarios en las ciudades para enfrentar los problemas de movilidad derivados del crecimiento urbano disperso.
- La manera en que la movilidad debe incorporarse en los nuevos proyectos de vivienda, incluyendo ajustes normativos, técnicos y de planeación.
- Ejemplos concretos de políticas, proyectos e instrumentos que han demostrado impactos positivos en la articulación entre vivienda y transporte.
Este encuadre permitió que el diálogo transitara entre la experiencia práctica, el análisis crítico y la reflexión sobre el papel que deben asumir el sector público, el privado y la sociedad civil en la construcción de ciudades más accesibles, equitativas y habitables.
Mario Delgado abordó la relación entre vivienda y movilidad desde la experiencia práctica en el diseño y operación de sistemas de bicicletas compartidas. Subrayó que la movilidad cotidiana es un elemento central en la organización de la vida urbana y en la localización de la vivienda, destacando el papel estratégico de la movilidad activa en los trayectos de “última milla”, que complementan al transporte masivo y conectan vivienda, empleo y servicios.
Presentó los casos de MiBici en Guadalajara y Ecobici en la Ciudad de México, sistemas que han registrado millones de viajes y cientos de miles de usuarios, consolidándose como infraestructuras urbanas con impacto significativo en los patrones de desplazamiento. Explicó que cerca del 50 % de los usuarios vive fuera de las zonas de cobertura directa, lo que demuestra que estos sistemas amplían el alcance del transporte público y benefician a poblaciones diversas.
Delgado enfatizó la necesidad de fortalecer la capacidad institucional y de contar con datos precisos sobre cómo se mueven las personas para diseñar políticas eficaces. Señaló que la vivienda debe desarrollarse en lugares con transporte público de calidad, recordando que la falta de opciones de movilidad ha sido una de las principales causas del abandono habitacional en México. Finalmente, compartió ejemplos de políticas exitosas, como el Plan de Movilidad No Motorizada de Guadalajara y medidas urbanas que sustituyen cajones de estacionamiento por ciclopuertos, fomentando dinámicas más sostenibles.
Iván Amador invitó a reflexionar sobre el tiempo y dinero que las personas destinan diariamente a sus desplazamientos, señalando que en muchos casos los trayectos superan las tres horas y representan hasta el 30 % del salario. Explicó que esta situación deriva de decisiones históricas en materia de planeación urbana y vivienda, particularmente del modelo de casa unifamiliar y uso intensivo del automóvil, que han favorecido la dispersión territorial y elevado los costos de movilidad.
A través de comparaciones entre ciudades como Monterrey y la Ciudad de México, mostró cómo la expansión urbana genera altos costos en infraestructura y servicios, además de reforzar la dependencia del automóvil. Subrayó que hablar de densidad y vivienda en vertical no es sólo un tema arquitectónico, sino una cuestión económica y social vinculada a la eficiencia en la provisión de transporte, escuelas y servicios básicos.
Amador defendió la necesidad de apostar por ciudades más compactas y concentradas, y criticó la falta de empatía de muchos tomadores de decisiones que no experimentan las condiciones del transporte público ni de los desarrollos que promueven. Propuso aprovechar suelo público subutilizado y replantear la localización de la vivienda como estrategia clave.
En cuanto a nuevos proyectos habitacionales, sugirió revisar las normas que privilegian el automóvil, como los requerimientos mínimos de estacionamiento, y complementarlos con infraestructura de movilidad activa. Compartió ejemplos de políticas públicas como el Periférico de Mérida, que incentiva la redensificación central, el impuesto a la vivienda vacía para combatir la especulación y esquemas en la Ciudad de México que permiten incrementar unidades habitacionales a cambio de aportaciones para vivienda social.
Su intervención cerró con un mensaje contundente: integrar vivienda y movilidad no es opcional, sino una condición indispensable para construir ciudades más justas.
Diálogo “Recuperación de Vivienda Abandonada”
El segundo día del foro abrió con un diálogo entre Andrés Ampudia y Máximo Jaramillo, centrado en uno de los fenómenos más críticos y menos atendidos de la crisis habitacional en México: la vivienda deshabitada y abandonada. A diferencia de otras actividades, esta sesión se desarrolló como una conversación directa entre ambos especialistas, quienes guiaron el intercambio desde sus propias experiencias y líneas de investigación.
La discusión giró en torno a una pregunta central: ¿cómo y por qué se produce el abandono de la vivienda, y qué implicaciones tiene este fenómeno para las ciudades, las instituciones y la vida cotidiana de las personas? A partir de esta interrogante, se abordaron los factores estructurales que han dado lugar al abandono, los límites de las narrativas que lo reducen a decisiones individuales y la necesidad de reconocerlo como un problema público.
Las reflexiones se organizaron en tres ejes:
- El modelo de producción habitacional predominante en México, basado en expansión periférica y vivienda aislada.
- La importancia de caracterizar la diversidad de situaciones que conforman el fenómeno del abandono.
- El papel del Estado, el mercado y la sociedad civil en la construcción de alternativas para enfrentar este desafío.
Este encuadre permitió que el diálogo transitara entre la gestión pública, el análisis crítico del modelo habitacional y una reflexión política más amplia sobre el lugar de la vivienda en la construcción de una sociedad más justa.
Desde su experiencia en Tlajomulco de Zúñiga, uno de los municipios con mayor recepción de vivienda de interés social en México, Andrés Ampudia ofreció una lectura crítica del fenómeno de la vivienda abandonada. Durante seis años recorrió fraccionamientos y dialogó con comunidades, constatando los efectos de un modelo habitacional concebido más como motor económico que como infraestructura social.
Ampudia destacó que México cuenta con más de seis millones de viviendas deshabitadas, equivalentes al 14 % del parque habitacional nacional, lo que coloca al país entre los diez con mayores niveles de vivienda vacía en el mundo. En Tlajomulco, el problema es especialmente grave: 77 000 viviendas deshabitadas, el 26 % del total municipal. Señaló que esta situación refleja una debilidad institucional, pues muchos municipios carecen de direcciones de vivienda y a nivel federal no existe una secretaría especializada.
Explicó que el abandono responde a múltiples causas: viviendas construidas en contextos inadecuados, créditos hipotecarios concebidos como inversión más que como opción de habitar, y un modelo periférico desconectado de servicios y movilidad. Propuso caracterizar el fenómeno en distintas categorías —deshabitadas, inconclusas, vandalizadas, vencidas y abandonadas—, cada una con necesidades de atención diferenciadas.
Con ejemplos de polígonos como Hacienda Santa Fe y Lomas del Mirador, mostró cómo el abandono deteriora el tejido social y cómo incluso viviendas con créditos vigentes pueden estar vacías. Concluyó que la vivienda debe entenderse como un equipamiento público, al mismo nivel que la educación o la salud, y que atender el abandono es indispensable para construir una sociedad más justa y cohesionada.
Máximo Jaramillo situó el fenómeno de la vivienda abandonada dentro de la crisis habitacional estructural que atraviesa México y desde el inicio planteó que la discusión debía salir de un enfoque meramente económico o técnico para colocarse en un plano político y social, entendiendo la vivienda como un campo de conflicto donde se cruzan intereses, expectativas y relaciones de poder. Señaló que no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de quienes la habitan, sino también desde quienes la rentan, la administran o la convierten en un activo financiero, y subrayó que el abandono no es un accidente ni una excepción, sino el resultado lógico de un modelo que privilegia la rentabilidad sobre la función social del habitar.
Cuestionó las narrativas dominantes que responsabilizan a las personas por haber abandonado su vivienda, recordando que no se trata de fracasos individuales sino de síntomas de un sistema desigual. Desde esta mirada, identificó tres causas estructurales: la desconexión territorial y la segregación urbana derivadas de la expansión periférica, la financiarización y especulación inmobiliaria que han convertido la vivienda en un vehículo de acumulación más que en un espacio para vivir, y el modelo único de acceso basado en la propiedad privada individual que ha dejado de lado alternativas como la vivienda pública, la cesión de uso o los esquemas cooperativos.
Explicó que el problema no se limita a la periferia, pues también en zonas centrales existen viviendas vacías retenidas como inversión en espera de revalorización, lo que demuestra que la crisis no es de escasez sino de distribución y regulación. En su cierre, Jaramillo hizo un llamado a repolitizar el debate sobre la vivienda, dejar de verla como mercancía y asumirla como un bien social indispensable para la vida colectiva. Concluyó que enfrentar el abandono implica cuestionar los fundamentos mismos del modelo habitacional vigente y que más que intervenciones aisladas se requiere un cambio profundo de enfoque que conciba la vivienda como un derecho efectivo y un componente esencial para construir ciudades habitables y cohesionadas.

Diálogo “Vivienda en Femenino”
El segundo diálogo del día, titulado “Vivienda en femenino”, reunió a Lucía Elizondo, Sara Topelson e Isabel López en una conversación abierta y horizontal que permitió entrelazar perspectivas desde las políticas públicas, la práctica arquitectónica, la historia y la vida cotidiana. La premisa compartida fue clara: la vivienda y la ciudad impactan de manera diferenciada a mujeres y hombres. A partir de esta idea, las participantes reflexionaron sobre cómo los modelos tradicionales han invisibilizado el trabajo de cuidados, reproducido desigualdades en el acceso al suelo, al financiamiento y a la propiedad, y han sido diseñados mayoritariamente desde miradas masculinas.
El diálogo se articuló en torno a la vivienda como espacio central de la reproducción social y del trabajo no remunerado, la necesidad de cuestionar el enfoque patrimonial que la concibe como un fin en sí mismo y la urgencia de trasladar los cuidados hacia una escala colectiva y urbana que ponga la vida en el centro. También se incorporó una mirada histórica que recuperó las aportaciones de mujeres arquitectas que, en distintos contextos, propusieron formas alternativas de habitar basadas en la flexibilidad y en la comprensión de la vivienda como un sistema vivo y adaptable.
Tres intervenciones complementarias que, desde distintos enfoques, coincidieron en la necesidad de repensar la vivienda desde una perspectiva de género, entendida no como un añadido, sino como una transformación profunda de la manera en que se diseñan, producen y habitan las viviendas y las ciudades.
Sara Topelson abordó la vivienda en femenino desde una perspectiva histórica y estructural, destacando la ausencia persistente de las mujeres en la definición de políticas públicas y en el diseño de la ciudad. Retomando a Hannah Arendt, recordó que las mujeres han sido históricamente invisibilizadas en los procesos de toma de decisiones, lo que se refleja en espacios habitacionales concebidos mayoritariamente por hombres y sin considerar las dinámicas cotidianas del habitar femenino. Explicó que en los orígenes las mujeres tenían un papel central en la organización del espacio doméstico, pero con la Revolución Industrial y el urbanismo moderno fueron relegadas al ámbito privado y excluidas de la planificación urbana.
Desde esta lectura, subrayó que la vivienda no puede entenderse como un objeto aislado, sino como el núcleo de la reproducción social y un sistema complejo que articula múltiples dimensiones de la vida cotidiana. Para millones de mujeres, señaló, la vivienda es también el principal espacio de trabajo y sustento, donde se realizan actividades productivas y de cuidado que suelen permanecer invisibles. En ciudades como la Ciudad de México, donde cerca del 45 % de las mujeres son jefas de familia, la vivienda se convierte en el centro desde el cual se sostiene la vida familiar, aunque el acceso sigue marcado por desigualdades en financiamiento y propiedad.
Topelson advirtió que las mujeres enfrentan mayores barreras para acceder a créditos hipotecarios y que sólo una minoría de títulos de propiedad está a su nombre, lo que las coloca en una situación de vulnerabilidad patrimonial. Frente a ello, destacó la importancia de fortalecer la educación financiera desde edades tempranas. En el cierre de su intervención insistió en que la vivienda es el principal espacio de vida y de trabajo para millones de mujeres y que esta realidad debe reflejarse en el diseño arquitectónico, la planeación urbana y las políticas públicas. Recordó además que las mujeres han sido históricamente las más activas en el cuidado del espacio público y en la defensa de la habitabilidad de sus barrios, y concluyó que pensar la vivienda en femenino implica reconocerla como un sistema vivo, profundamente ligado a las dinámicas sociales, económicas y culturales.
Lucía Elizondo planteó que hablar de vivienda en femenino es visibilizar cómo los espacios habitacionales y urbanos han sido diseñados desde miradas que reproducen desigualdades de género. Compartió datos que muestran el papel central de las mujeres en el sostenimiento del sistema habitacional —más de la mitad de los créditos de vivienda se otorgan a ellas y un tercio de los hogares tiene jefatura femenina—, lo que contrasta con ciudades que no responden a sus necesidades reales.
A partir de este diagnóstico, identificó tres fricciones: la vivienda como refugio, que para muchas mujeres es también espacio de trabajo y cuidados; la vivienda como fin patrimonial, que ha debilitado su función social; y la idea de que los cuidados se limitan al ámbito doméstico, cuando históricamente han sido colectivos y urbanos.
En su cierre, propuso avanzar hacia la colectivización de los cuidados y sintetizó su reflexión en tres desplazamientos: pasar de la vivienda como refugio a una vivienda que pone la vida en el centro, de la vivienda como objetivo a la vivienda como proceso, y de la ciudad actual a la ciudad de los cuidados.
Isabel López aportó una lectura desde la historia de la arquitectura, recuperando las propuestas de mujeres como Eileen Gray y Lina Bo Bardi, quienes desde distintos contextos anticiparon una concepción de la vivienda más flexible y centrada en las personas. Explicó que hablar de vivienda en femenino implica también reconocer estas aportaciones invisibilizadas, que cuestionaron los modelos rígidos de la modernidad y propusieron espacios abiertos, adaptables y en diálogo con la vida cotidiana.
De Gray destacó su atención minuciosa al interior y al mobiliario, entendiendo la vivienda como un sistema integral capaz de transformarse según las necesidades de quienes la habitan. De Bo Bardi subrayó la relación constante entre interior y exterior, ejemplificada en la Casa de Vidrio, concebida como un organismo vivo en diálogo con su entorno natural y social.
En el cierre, López recordó que ambas arquitectas coincidieron en que la vivienda debe construirse para el ser humano y acompañar procesos de autorrealización. Su intervención permitió situar el debate contemporáneo en una genealogía más amplia, mostrando que muchas de las ideas que hoy se reivindican —flexibilidad, adaptación, centralidad de la vida cotidiana— ya estaban presentes en la obra de mujeres que pensaron la vivienda desde una sensibilidad distinta.

Elena Tudela – Conferencia “Agua y ecología”
Elena Tudela cerró el Tercer Foro Nacional de Vivienda con la conferencia “Agua y ecología: el soporte de la vivienda”, que amplió la escala de reflexión al situar la vivienda dentro de los sistemas naturales que hacen posible la vida urbana. Desde el inicio cuestionó la idea de la vivienda como objeto aislado y propuso entenderla como parte de un entramado territorial y ecológico más amplio, recordando que en muchos contextos culturales el habitar desborda los límites físicos de una edificación.
Su intervención subrayó la importancia del agua como elemento estructural del hábitat humano y explicó cómo la urbanización altera los ciclos naturales, reduciendo la capacidad de infiltración y generando ciudades que padecen simultáneamente escasez e inundaciones. En el caso de México, señaló la paradoja de ser un país megadiverso y a la vez enfrentar una crisis ambiental acelerada, agravada por los efectos del cambio climático y la brecha entre el conocimiento científico y las políticas públicas.
Tudela recordó que fenómenos como sequías, lluvias torrenciales o incendios impactan directamente en la vivienda y evidencian desigualdades en las condiciones de habitabilidad. Propuso mirar la Ciudad de México como una ciudad lacustre y entender que los llamados “desastres naturales” son en realidad consecuencias de decisiones humanas sobre el territorio. Presentó experiencias concretas de resiliencia comunitaria, como las de Miravalle en Iztapalapa, y proyectos de distritos hídricos en colaboración con organizaciones internacionales, que buscan transformar la relación urbana con el agua hacia modelos circulares y sostenibles.
En el cierre, insistió en la necesidad de construir una inteligencia colectiva frente a los desafíos ambientales y de repensar cada elemento urbano como parte activa de un ecosistema. Su conferencia dejó una invitación clara: ampliar la mirada sobre la vivienda para enfrentar los retos habitacionales desde una comprensión profunda de los sistemas ecológicos que sostienen la vida en las ciudades.
El Tercer Foro Nacional de Vivienda dejó claro que la vivienda no puede pensarse de manera aislada. A lo largo de dos días se discutió su relación con la movilidad, el suelo, la recuperación del parque habitacional y las desigualdades de género, mostrando que el habitar es un fenómeno social, económico y político. El cierre con Elena Tudela amplió la mirada hacia el agua y la ecología, recordando que los sistemas naturales son el verdadero soporte de la vida urbana. En conjunto, el foro trazó una invitación contundente: concebir la vivienda como un derecho efectivo y como parte de un sistema vivo que articula territorio, comunidad y sostenibilidad para avanzar hacia ciudades más justas y resilientes.





































































































































